Franciscanismo

Una página dónde reunimos textos de franciscanismo. Y reflexiones personales.

domingo, noviembre 11, 2007

De visita: pre-novicias franciscanas.



Postulantes y pre-novicias franciscanas de visita en la Parroquia Cristo Hermano.

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sábado, noviembre 10, 2007

La Serpiente, Padre Roberto Mena.

LA SERPIENTE
 
Cuenta la Leyenda, que una vez una serpiente empezó a perseguir a una luciérnaga; ésta huía rápido con miedo, de la feroz depredadora, y la serpiente no pensaba desistir; Huyó un día, y ella no desistía, dos días y nada.  Al tercer día, ya sin fuerzas, la luciérnaga paró y le dijo a la serpiente:
-    ¿Puedo hacerte tres preguntas?
La serpiente respondió:
-    No acostumbro a dar este precedente a nadie, pero como igual te voy a devorar, puedes preguntar.
-    ¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?
-    No, contestó la serpiente.
-    ¿Yo te he hecho algún mal?
-    No, volvió a responder.
-    Entonces, ¿Por qué quieres acabar conmigo?
-    ¡Porque no soporto verte brillar........!
 
Así, muchos de nosotros nos hemos visto envueltos en situaciones donde nos preguntamos:  ¿Por qué me pasa ésto si yo no he hecho nada malo?  Sencillo; porque no soportan verte brillar.
 
La Envidia, es el peor sentimiento que podemos tener.  Que envidien tus logros, tu éxito, que envidien verte brillar.  Cuando esto pase, no dejes de brillar, continúa siendo tú mismo, sigue dando lo mejor de ti, sigue haciendo lo mejor, no permitas que te lastimen, no permitas que te hieran, sigue brillando y no podrán tocarte, porque tu luz seguirá intacta, tu esencia permanecerá, pase lo que pase.  ¡Confía en el Señor con todo tu corazón!
 
Autor Desconocido   



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Trigésimo segundo Domingo del Año

Homilía para el trigésimo segundo Domingo del Año  -  Año C  -  Lc.
20:27-38




" Se acercaron a Jesús algunos saduceos. Esta gente niega que haya
resurrección, y por eso le plantearon esta cuestión: «Maestro, Moisés
nos dejó escrito: Si un hombre tiene esposa y muere sin dejar hijos,
el
hermano del difunto debe tomar a la viuda para darle un hijo, que
tomará
la sucesión del difunto. Había, pues, siete hermanos. Se casó el
primero y murió sin tener hijos. El segundo y el tercero se casaron
después con la viuda. Y así los siete, pues todos murieron sin dejar
hijos. Finalmente murió también la mujer. Si hay resurrección, ¿de
cuál
de ellos será esposa esta mujer, puesto que los siete la tuvieron?»

" Jesús les respondió: «Los de este mundo se casan, hombres y mujeres,

pero los que sean juzgados dignos de entrar en el otro mundo y de
resucitar de entre los muertos, ya no toman marido ni esposa. Además
ya
no pueden morir, sino que son como ángeles. Son también hijos de Dios,

por haber nacido de la resurrección.»

" «En cuanto a saber si los muertos resucitan, el mismo Moisés lo dio a

entender en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor: Dios de
Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob. El no es Dios de muertos, sino

de vivos, y todos viven por él.» "



Homilía:


" Se acercaron a Jesús algunos saduceos. Esta gente niega que haya
resurrección... "

Cinco días antes de su resurrección de entre los muertos, Jesús es
interrogado por unos miembros de la secta de los Saduceos, hombres
religiosos quizás, pero que no creían en la resurrección de los
cuerpos.
Jesús, el Salvador de los hombres, acababa de resucitar a Lázaro
algunos
días antes, diciendo en esa ocasión: "Yo soy la resurrección y la
vida." (Jn. 11:25) Lo que significa que en el pensamiento de Jesús, la

resurrección estaba muy presente: ¡el ya la vivía! Para esos
Saduceos,
el momento estaba realmente mal elegido para tratar de negar la
resurrección... O más bien, el Maligno, el Demonio, el enemigo de la
naturaleza humana, el ángel de las tinieblas y de la muerte eterna
había
elegido bien la ocasión para tratar de descorazonar al Salvador, que
estaba a punto de vencerlo...

" ... y por eso le plantearon esta cuestión: «Maestro, Moisés nos dejó

escrito: Si un hombre tiene esposa y muere sin dejar hijos, el hermano

del difunto debe tomar a la viuda para darle un hijo, que tomará la
sucesión del difunto. Había, pues, siete hermanos. Se casó el primero
y
murió sin tener hijos. El segundo y el tercero se casaron después con
la
viuda. Y así los siete, pues todos murieron sin dejar hijos.
Finalmente
murió también la mujer. Si hay resurrección, ¿de cuál de ellos será
esposa esta mujer, puesto que los siete la tuvieron?» Jesús les
respondió: «Los de este mundo se casan, hombres y mujeres, pero los
que
sean juzgados dignos de entrar en el otro mundo y de resucitar de entre

los muertos, ya no toman marido ni esposa.» "

Si, durante la vida sobre la tierra, una mujer se casa sucesivamente
con
varios hombres que mueren uno tras otro sucesivamente, o al revés, si
un
hombre se casa sucesivamente varias mujeres, resulta claro que si
"... los que sean juzgados dignos de entrar en el otro mundo y de
resucitar
de entre los muertos," tendrán entre ellos relaciones afectivas
particulares, como en el caso de simples parejas constituidas por un
solo
hombre y una sola mujer. Pero, sea lo que sea, hay otra cosa que Jesús

quiere hacer comprender a sus contradictores, y también hoy a nosotros.

En efecto, si la resurrección de los cuerpos es importante y
absolutamente
esencial para la felicidad eterna de los hombres y las mujeres que Dios

ha creado en su Amor, esta Resurrección de los cuerpos no tiene por fin

primero la glorificación de la persona así resucitada en cuerpo y alma,

sino la Gloria del mismo Cristo, Cabeza y Jefe de la Iglesia, su Cuerpo

místico. La Resurrección de los cuerpos está destinada antes que nada
a
la glorificación de lo que San Agustín llama el "Cristo Total", es
decir,
la unión de Cristo y de la Iglesia.

¡Así, todos los que sean resucitados en cuerpo y alma para la vida
eterna
estarán enteramente vueltos hacia el Señor: todo su ser, cuerpo y
alma,
será para la Gloria de Cristo, y en consecuencia para la gloria de
Dios!
Es por lo que agrega Jesús: "Además ya no pueden morir, sino que son
como ángeles. Son también hijos de Dios, por haber nacido de la
resurrección." Ninguna criatura podrá jamás desviar de Dios a cada uno

de los elegidos que estarán en el Cielo: ¡ni ellos mismos, ni su
propio
cuerpo, ni ningún ser podrá desviarlos de Dios! ¡Una solo cosa cuenta
para los hombres y mujeres resucitados en cuerpo y alma: el Cuerpo de
Cristo!

" «En cuanto a saber si los muertos resucitan, el mismo Moisés lo dio a

entender en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor: Dios de
Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob. El no es Dios de muertos, sino

de vivos, y todos viven por él.» "

Jesús cita las palabras de Dios a Moisés: "Yo soy el Dios de tu padre,
el
Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob." (Ex. 3:6) Jesús

cita esas palabras, no solamente para tratar de convencer a los
Saduceos,
sino sobre todo para manifestar su deseo de su propia Resurrección, que

tendrá lugar en cinco días... ¡Jesús esta a tres días de su Pasión y
de
su muerte: pensar en su propia Resurrección es para el la manera mas
poderosa de reconfortarse! ¡Pero decirlo y proclamarlo, hace más firme

también su confianza en la "Todo-Poderosidad" de su Padre que está en
los
cielos!

¡Nosotros también, que vivimos hoy en la espera de nuestra propia
Resurrección, no dudemos en proclamar nuestra fe en la Vida Eterna!
¡Vivamos en el deseo de ver un día al Señor Jesús, a El, la Cabeza, el
Jefe de un cuerpo tan grande como es su Iglesia, cara a cara!
¡Preparemos nuestra propia Resurrección, proclamemos nuestra fe en
Jesús
resucitado, fuente de toda Vida y de toda Resurrección! ¡Hoy mismo,
preparémonos a recibir el Sacramento del Cuerpo y de la Sangre de
Cristo,
y pidamos a la muy Santa Virgen María que prepare nuestro corazón para
recibir a Jesús para la gloria de Dios, en la unidad perfecta del
Cuerpo
de Cristo resucitado!



Canónigo Dr. Daniel Meynen



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sábado, octubre 27, 2007

Homilía para la fiesta de Todos los Santos

Homilía para la fiesta de Todos los Santos  -  Año C  -  Mt. 5:1-12




" Y VIENDO las gentes, subió al monte; y sentándose, se llegaron á él
sus
discípulos. Y abriendo su boca, les enseñaba, diciendo:
«Bienaventurados
los pobres en espíritu: porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados los que lloran: porque ellos recibirán consolación.
Bienaventurados los mansos: porque ellos recibirán la tierra por
heredad.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia: porque ellos
serán hartos. Bienaventurados los misericordiosos: porque ellos
alcanzarán misericordia. Bienaventurados los de limpio corazón: porque
ellos verán á Dios. Bienaventurados los pacificadores: porque ellos
serán
llamados hijos de Dios. Bienaventurados los que padecen persecución por

causa de la justicia: porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados sois cuando os vituperaren y os persiguieren, y dijeren

de vosotros todo mal por mi causa, mintiendo. Gozaos y alegraos; porque

vuestra merced es grande en los cielos!» "



Homilía:


" Y VIENDO las gentes, subió al monte; y sentándose, se llegaron á él
sus
discípulos. "

¡Hoy en día, la Iglesia recuerda a todo hombre y mujer, de toda edad y
nación, de todo idioma y cultura, admitidos para siempre a participar
en
la gloria de Dios en el Cielo! ¡Desde la Creación del hombre, una
inmensa
multitud - una asamblea incalculable de seres humanos - se encuentra
ante
Dios, que es Padre, Hijo, y Espíritu Santo! ¡A todas estas criaturas
celebra la Iglesia en este día, bendito entre todos los días!

Con la excepción de la Virgen María, todos los santos y santas del
Cielo
viven junto a Dios no en cuerpo y alma, ya que el cuerpo permanece en
la
tierra: solo sus almas están en el Cielo, junto a Dios. No obstante, al

recordarlos aquí en la tierra, formamos junto a los santos y santas de
cielo un solo y único Cuerpo de Cristo: en cierto sentido, los
habitantes
del Cielo encuentran nuevamente su cuerpo mediante nuestra oración.
Porque la oración concede al hombre la salvación no solo por esperanza,

sino la salvación en cuerpo y alma, anticipando asimismo la venida del
Señor y la Resurrección del cuerpo.

La oración requiere la presencia completa del ser: cuerpo y alma, tanto
en
la causa como en el efecto. Recordemos la oración intensa de Jesús en
el
Jardín de los Olivos: la angustia de su alma era tal que ésta le
brotaba
del cuerpo, a tal punto que surgía del Señor como gotas de sangre (cf.
Lc. 22:24). ¡Cuántas veces hemos visto la plegaria del alma sanar
parcialmente o totalmente un mal del cuerpo! ¿Entonces, por qué no
pensar
al menos hoy, fiesta de todos los santos, que nuestra plegaria - si
bien
sea modesta - puede servir para procurar a los habitantes del Cielo una

cierta felicidad al encontrar ya su propio cuerpo, aun antes que el
Señor
lo resucite?

Hemos venido a la Iglesia en esta fiesta, ciertamente por amor, pero
también por obligación. Porque la Iglesia impone la asistencia a la
Misa
para todos los santos. ¿Pero, a qué se debe tal obligación? ¿Por qué
ser
obligado a participar de la Eucaristía todos los domingos y todas las
fiestas de precepto? Muchas veces oímos decir: "Sí, creo en Dios y
rezo,
pero a misa no voy..." Para algunos - no me atrevo a decir, para muchos
-
no se debe hablar de obligación en la religión: "¿Mandamientos de Dios?

Quizás... rigurosamente... ¿Mandamientos de la iglesia? ¡Entonces no!"
Sin embargo, la Iglesia es el Cuerpo de Cristo; un cuerpo cuya Cabeza,
es
decir, el Principal, es Cristo...

"Y VIENDO las gentes, subió al monte; y sentándose, se llegaron á él
sus
discípulos." Hoy también, estas palabras se cumplen: cuando vamos a la
Iglesia, vamos hacia Cristo, que está presente en todos lados pero de
modo especial en la Eucaristía, que es su Cuerpo. Así cumplimos lo que
Cristo mismo nos pide mediante su Iglesia. Y así también, nos hacemos
partícipes con todo nuestro ser a la alabanza de Dios: nuestro cuerpo
se
desplaza, hace esfuerzos para llegar a la Iglesia, y ayuda al alma a
rezar en voz alta, con palabras y cantos. La orden de Dios, la orden de

la iglesia no es un constreñimiento: ¡es una bendición, una gracia que
nos permite unir todo nuestro ser a la alabanza de los elegidos que se
encuentran en la Gloria del Paraíso!

" Y abriendo su boca, les enseñaba... "

"Y abriendo su boca..." Este giro especial del evangelista San Lucas no
es
de poco interés. Mas allá del estilo del autor, este giro de frase pone

en evidencia el hecho que Jesús es la Palabra de Dios hecha CARNE. El
Hijo de Dios, el Verbo del Padre quiere comunicar con los hombres
mediante la humanidad que recibió al encarnarse en el seno de la Virgen

María, mediante el Espíritu Santo. Dios quiso que todo en el hombre sea

santificado, cuerpo y alma. Mediante el uso de su cuerpo y alma de una
manera justa y medida, evitando los excesos y las carencias, el hombre
-
es decir, todo hombre, sea quien sea - logra la beatitud celestial.

¡En el Paraíso, los elegidos de Dios están junto al Señor Jesús,
sentados
a la derecha del Padre, viviendo para siempre con el Espíritu Santo!
Sin
cansarse y en la espera de la resurrección de su cuerpo, los santos y
santas del Cielo escuchan esta única melodía del Hijo de Dios que vive
de
la vida de su Padre: la PALABRA de VIDA sustenta sin cesar a todos los
elegidos del Cielo, eternamente felices de oír y apreciar "Cosas que
ojo
no vió, ni oreja oyó, Ni han subido en corazón de hombre." (1 Cor. 2:9)

" «Bienaventurados los pobres en espíritu: porque de ellos es el reino
de
los cielos. Bienaventurados los que lloran: porque ellos recibirán
consolación. Bienaventurados los mansos: porque ellos recibirán la
tierra
por heredad. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia:
porque ellos serán hartos. Bienaventurados los misericordiosos: porque
ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los de limpio corazón:
porque ellos verán á Dios. Bienaventurados los pacificadores: porque
ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los que padecen
persecución por causa de la justicia: porque de ellos es el reino de
los
cielos. Bienaventurados sois cuando os vituperaren y os persiguieren, y

dijeren de vosotros todo mal por mi causa, mintiendo. Gozaos y
alegraos;
porque vuestra merced es grande en los cielos!» "

Ante todas estas "Buenaventuras" hay solo una que Jesús no pudo
pronunciar
él mismo, ya que aún no había nacido... fue aquella que Isabel dirigió
a
María, poco tiempo después de la Encarnación del Verbo en ella: "¡Y
bienaventurada la que creyó, porque se cumplirán las cosas que le
fueron
dichas de parte del Señor!" (Lc. 1:45) Esta primera "Buenaventura"
resume
de hecho todas las demás que Jesús pronunció. La fe es necesaria en
todas
circunstancias. Entre otras, si hoy hemos venido para rezar con la
Iglesia, es antes que nada porque somos creyentes. Y queremos alimentar

esta fe, nuestra fe, con la Palabra de Dios, fortificándola a través de

la Plegaria, ¡y sobre todo con el sacramento del Cuerpo y Sangre de
Cristo!

¡Pidámosle a la Santísima Virgen María de ayudarnos a rezar, a crecer,
a
amar a todos los hombres, todas las mujeres, y todos los niños y niñas
del cielo y de la tierra! ¡Que el Espíritu Santo venga en nosotros para

transformarnos en verdaderos santos, viviendo ya en el Cielo, y
permaneciendo todavía en la tierra!



Canónigo Dr. Daniel Meynen



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miércoles, octubre 24, 2007

Trigésimo Domingo del Año - Año C

Homilía para el trigésimo Domingo del Año  -  Año C  -  Lc. 18:9-14





" Jesús dijo esta parábola por algunos que estaban convencidos de ser
justos y despreciaban a los demás. «Dos hombres subieron al Templo a
orar. Uno era fariseo y el otro publicano. El fariseo, puesto de pie,
oraba en su interior de esta manera: "Oh Dios, te doy gracias porque no

soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos, adúlteros, o
como
ese publicano. Ayuno dos veces por semana y doy la décima parte de
todas
mis entradas." Mientras tanto el publicano se quedaba atrás y no se
atrevía a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho
diciendo: "Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador." Yo les
digo
que este último estaba en gracia de Dios cuando volvió a su casa, pero
el
fariseo no. Porque el que se hace grande será humillado, y el que se
humilla será enaltecido.» "



Homilía:


¡He aquí una parábola bien conocida: la del fariseo y el publicano!
Cada
uno puede reconocerse en uno de esos dos personajes. ¿Pero en cual? ¿En

el fariseo o en el publicano? Esta es exactamente la pregunta del día.

Si nos reconocemos a nosotros mismos en el publicano, dudo que seamos
falsos publicanos, sino que mas bien - ¡ay! - seamos verdaderos
fariseos... Porque de lo que se trata, no es de reconocer-SE, de
pensar-SE, de justificar-SE a uno mismo, sino más bien de ser como
realmente somos a la mirada de Dios. En efecto, es Dios el que
justifica
al hombre y no el hombre que SE justifica a sí mismo.

Tener humildad es mirar la verdad en si mismo: la humildad es la
verdad.
El que es verdaderamente humilde, verá siempre el orgullo en si mismo.

La humildad verdadera, no se da cuenta de su propio estado: ¡el que
posee
la humildad, cree no tener nada, mientras que - justamente - tiene a
Dios
para el y en el! El hombre que se reconoce como criatura dependiente
de
Dios, se rebaja de tal modo poniéndose en su verdadero lugar delante
del
Creador, que Dios no puede dejarlo en ese estado: el Señor lo eleva
hasta
su propia gloria para hacer de él su hijo adoptivo. ¡En una palabra,
Dios justifica a quién se humilla!

Cuanto más pequeño se hace uno a los ojos de Dios, más el Señor se
complace en venir a habitar en uno, y en hacer resplandecer en uno esa
luz divina que es la suya. "Dios es Luz", nos dice San Juan (1 Jn. 1:5
-
cf. Ap. 21:23; Ap. 22:5). Es la razón por la cual de todos aquellos en

los que Dios habita como en su Templo, San Pablo dice que son "luz en
el
Señor" (Ef. 5:8): son "verdaderas luces". Verdadera paradoja, paradoja

del evangelio, seguramente... Es necesario en efecto hacerse nada
delante de Dios, creer que todo se lo recibe del Señor, y
verdaderamente
darse cuenta de ello, para participar en la obra más grande que pueda
existir en el mundo: ¡La Obra de Dios!

"Ustedes son la luz del mundo... Hagan, pues, que brille su luz ante
los
hombres; que vean estas buenas obras, y por ello den gloria al Padre de

ustedes que está en los Cielos." (Mt. 5:14-16) ¡Gracias a nuestra
humildad, podemos ser luces para el mundo! No demos vuelta el orden de

las cosas: no debemos esforzarnos en ser luces para el mundo
manteniéndonos en la humildad; por el contrario, debemos esforzarnos en

ser humildes, para convertirnos - por gracia de Dios - en luces del
mundo. "Porque el que se hace grande será humillado, y el que se
humilla
será enaltecido." (Lc. 18:14)

Hoy en día, este orden de cosas es ¡ay! poco aplicado... El orgullo
domina
al mundo, y eso es lo que conduce al mundo a su pérdida... Porque la
humildad, que no solamente es una virtud sobrenatural, sino también
humana, no está lo suficientemente presente en los hombres de nuestro
tiempo... Cuando uno posee la humildad, entonces se acerca tanto a Dios

que se convierte en semejante al Creador de todas las cosas: el hombre
humilde es un verdadero hombre; ¡tan verdadero, que aún si no hubiera
existido el pecado original, sería parecido al primer hombre creado por

Dios en los albores del Universo!

El hombre humilde es un verdadero hombre y la mujer humilde es una
verdadera mujer. ¡Ojalá tuviéramos tales hombres y tales mujeres para
gobernar el mundo, los países, las regiones, las ciudades y los
pueblos!
Esos hombres y esas mujeres serían para el mundo entero verdaderas
luces
capaces de llevar a cabo actos a veces heroicos y desinteresados,
"buenas
obras" (Mt. 5:16) para la salvación de toda la humanidad.
Personalidades
verdaderas y memorables, hombre y mujeres que puedan ser avizorados por

sus conciudadanos; ¡he ahí aquello de lo que el mundo tiene tanta
necesidad hoy!

En toda la historia de la humanidad, no hemos conocido ni conoceremos
jamás más verdadera mujer que María, la Madre de Jesús. Su humildad es

sin par y será siempre inigualada e inigualable. Y es lo que le valió
recibir la mayor dignidad que haya podido existir: ¡la de Madre de
Dios!
Verdaderamente es bien en María en quién que se cumplen perfectamente
estas palabras del Señor: "el que se humilla será enaltecido" (Lc.
18:14). ¡Verdaderamente, María fue esa mujer fuerte, esa verdadera
mujer, esa criatura semejante a Dios, que llevó su humanidad a su
perfecta realización, no sólo a los pies de la Cruz en el Calvario,
sino
sobre todo en el Cenáculo, con los Apóstoles en el día de Pentecostés!

Hoy como cada Domingo, vamos a recibir a Dios en la Eucaristía. Nos
vamos
a acercar al altar del Señor. Este camino, testimonia nuestra humildad
y
nuestra grandeza. Nuestra humildad porque nos rebajamos a creer que lo

que vemos como pan no es pan sino el Cuerpo de Cristo. Y nuestra
grandeza, ¡porque en la comunión nos volvemos realmente parte del
Cuerpo
de Cristo, hijos adoptivos en el Hijo único de Dios! ¡Que este camino
sea nuestra justificación, para la salvación del mundo!



Canónigo Dr. Daniel Meynen



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miércoles, octubre 10, 2007

Vigésimo octavo Domingo del Año - Año C

Homilía para el vigésimo octavo Domingo del Año  -  Año C  -  Lc.
17:11-19




" Y sucedió que, de camino a Jerusalén, pasaba por los confines entre
Samaría y Galilea, y, al entrar en un pueblo, salieron a su encuentro
diez hombres leprosos, que se pararon a distancia y, levantando la voz,

dijeron: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!» Al verlos, les
dijo: «Id y presentaos a los sacerdotes.» Y sucedió que, mientras iban,

quedaron limpios. Uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando
a
Dios en alta voz; y postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús,
le
daba gracias; y éste era un samaritano. Tomó la palabra Jesús y dijo:
«¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha
habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?» Y le
dijo: «Levántate y vete; tu fe te ha salvado.» "



Homilía:


" Y sucedió que, de camino a Jerusalén, pasaba por los confines entre
Samaría y Galilea, y, al entrar en un pueblo, salieron a su encuentro
diez hombres leprosos, que se pararon a distancia y, levantando la voz,

dijeron: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!» "

Dios ha creado al hombre a su imagen y semejanza (cf. Gn. 1:26). El
Señor
dio al hombre un cuerpo y un alma, para que por esos dos elementos que
lo
componen, el hombre sea verdaderamente la criatura más próxima de Dios,

y, al mismo tiempo, el resumen de toda la creación. Puesto que, en el
universo que el Señor a creado en su Amor, hay en un extremo los seres
materiales que son siempre muchos en cantidad y compuestos a su vez por

varios elementos; y en el otro extremo, los seres espirituales - los
ángeles - que son siempre simples y únicos. Así, en el hombre, Dios
reunió la multiplicidad - en su cuerpo - y la unicidad - en su
alma.
Y de ese modo, el Señor ha creado en el hombre un ser que se le parece,

porque, en su Amor infinito, Dios es varias Personas divinas,
eternamente
unidas entre ellas.

¿Cómo entonces el Amor Creador podría dejar a los hombres y a las
mujeres
como presa de todo lo que busca destruir sus cuerpos y almas? Dios
quiere salvar a todos los hombres y a todo el hombre. El Hijo de Dios
vino sobre la tierra y se hizo hombre para que, por el Sacrificio
redentor de la Cruz, la Vida eterna, la Vida misma de Dios se vuelva un

día una parte asignada al hombre todo entero, cuerpo y alma.
¡Asimismo,
cuando esos diez leprosos van al encuentro de Cristo, el Señor Jesús no

puede impedirse pensar en su Misión: curar los cuerpos, pero también y

sobre todo curar las almas! Si bien Jesús quiere curar a esos diez
hombres de la lepra que los agobia y los desfigura, tiene la intención
de
tocar el corazón de cada uno de ellos en particular antes que nada,
para
que allí, en los corazones, sea plenamente restaurada la imagen de
Dios.

" Al verlos, les dijo: «Id y presentaos a los sacerdotes.» Y sucedió
que,
mientras iban, quedaron limpios. "

Jesús los vio... vio la fealdad de sus cuerpos, y sobretodo la de sus
rostros... Habían perdido esa belleza que era un reflejo del esplendor
del Creador... Pero Jesús vio también el alma de cada uno de ellos.
En
algunos, el alma era más desagradable que el cuerpo... ¡En otros,
Jesús
veía todavía en sus almas ese vestigio de la creación primera, vestigio

sobre el cual iba pronto a derramarse la Sangre de su Sacrificio
supremo
para la Resurrección final! ¡Y en esa mirada, Jesús veía el último día

de la humanidad a todos los elegidos de Dios reunidos con el para subir

hacia su Padre, en una mutua contemplación eterna! Entonces,
habiéndolos
mirado bien, Jesús - Señor de toda la Creación - no dudo en darles una
orden: "Id y presentaos a los sacerdotes."

Los diez leprosos, todos, obedecieron la orden del Señor: se fueron a
mostrar a los sacerdotes. Cada leproso, una vez curado, debía en
efecto
ir a mostrarse al sacerdote para hacer constatar oficialmente su
curación
y volver a encontrar así el derecho de volver a mezclarse a los otros
hombres. Pero, hecho sorprendente, en el mismo momento en que los diez

leprosos deciden partir para ir a mostrarse a los sacerdotes, no están
todavía curados, por lo menos en sus cuerpos... ¡No es sino luego de
haber emprendido el camino que se encuentran curados de la lepra! De
hecho, estaban ya curados en sus almas, y fue esa curación espiritual,
la
más importante a los ojos de Dios, la que les permitió ponerse en
marcha,
esa marcha que fue el escenario de su curación corporal...

" Uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en alta
voz; y postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba
gracias;
y éste era un samaritano. Tomó la palabra Jesús y dijo: «¿No quedaron
limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien
volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?» Y le dijo:
«Levántate
y vete; tu fe te ha salvado.» "

¡He aquí entonces a los diez leprosos curados! Pero, hecho
sorprendente,
no hay sino solo uno de los diez que piensa en volver sobre sus pasos
para agradecer al Señor de haberlo curado... ¿Quizás los otros nueve
agradecieron al Señor en su corazón? En todo caso, todos fueron
curados.
Es lo que surge muy claramente de las palabras mismas del Señor: "¿No
quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están?" Se puede
pensar que los diez recibieron de Dios la gracia necesaria para ir a
agradecerle el haberlos curado. Pero, desgraciadamente, solo se
encontró
un solo hombre para responder fielmente a ese llamado del Señor...

Es una lección para todos nosotros, una lección de vigilancia y de
gratitud hacia la Providencia divina. El camino de la vida espiritual,

figurado en esa ruta tomada por los diez leprosos es un camino difícil,
a
veces lleno de obstáculos. Solo el que es vigilante sigue el buen
camino
que es Cristo (cf. Jn. 14:6). Es por otra parte el solo y el único
camino que salva: "Y le dijo: «Levántate y vete; tu fe te ha salvado.»
"
En el Camino de la Salvación, todo cuenta: es toda nuestra persona,
cuerpo y alma que debe dar gracias a Dios. ¡No hay que seguir a Jesús
de
lejos: hay que estar muy cerca de Él, con nuestra fé, con nuestra
esperanza, con nuestra caridad, pero también con nuestro cuerpo, como
Maria estuvo de píe, presente, al pié de la Cruz, como una mujer
fuerte!
¡El Salvador de los hombres no es un ser ausente y que está lejos
nuestro: está aquí, muy cerca, tan cerca que viene a nuestro interior
con
cada Eucaristía!



Canónigo Dr. Daniel Meynen



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miércoles, agosto 29, 2007

Vigésimo segundo Domingo del Año - Año C - Lc.

Homilía para el vigésimo segundo Domingo del Año  -  Año C  -  Lc.
14:1.7-14




" Y sucedió que, habiendo ido en sábado a casa de uno de los jefes de
los
fariseos para comer, ellos le estaban observando. Notando cómo los
invitados elegían los primeros puestos, les dijo una parábola: «Cuando
seas convidado por alguien a una boda, no te pongas en el primer
puesto,
no sea que haya sido convidado por él otro más distinguido que tú, y
viniendo el que os convidó a ti y a él, te diga: 'Deja el sitio a
éste',
y entonces vayas a ocupar avergonzado el último puesto. Al contrario,
cuando seas convidado, vete a sentarte en el último puesto, de manera
que, cuando venga el que te convidó, te diga: 'Amigo, sube más arriba.'
Y
esto será un honor para ti delante de todos los que estén contigo a la
mesa. Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se
humille,
será ensalzado.»

" Dijo también al que le había invitado: «Cuando des una comida o una
cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni
a
tus vecinos ricos; no sea que ellos te inviten a su vez, y tengas ya tu

recompensa. Cuando des un banquete, llama a los pobres, a los lisiados,
a
los cojos, a los ciegos; y serás dichoso, porque no te pueden
corresponder, pues se te recompensará en la resurrección de los
justos.» "



Homilía:


" Y sucedió que, habiendo ido en sábado a casa de uno de los jefes de
los
fariseos para comer, ellos le estaban observando. "

Estamos en un día de shabat: Jesús fue a comer a lo de uno de los
fariseos
del lugar donde está enseñando el Reino de Dios. Naturalmente la gente
lo
observa, sobre todo los doctores de la Ley, los maestros de la religión

en esa época. Porque Jesús ha tomado cierta costumbre: la de efectuar
curaciones el shabat, lo que los doctores y escribas no pueden tolerar.

Y, en efecto, Jesús cura un enfermo, un hombre atacado por la
hidropesía.
Es la parte del Evangelio que no leemos hoy, pero que es útil mencionar

para precisar el contexto de este relato.

¡Se observa a este Jesús venido para curar las almas y los cuerpos!
Porque
se quiere saber si va a respetar o no el reposo de shabat... Pero lo
que
puede ser hecho o no el día del shabat, no son los hombres los que
pueden
decidirlo: ¡es Dios, y solamente Dios! Porque el reposo del shabat, que

se transformó en el reposo del Domingo, es Dios mismo quien lo ha
instaurado y establecido para siempre, puesto que está escrito: "Y
consumó Dios en el día el sexto las obras suyas que hizo; y reposó el
día
el séptimo de todas las obras suyas que hizo. Y bendijo Dios el día el
séptimo y santificóle, porque en él cesó de todas las obras suyas que
empezó Dios a hacer." (Gn. 2, 2-3)

¿Qué hay que hacer el domingo? ¿Qué podemos hacer el domingo? La
respuesta
es simple: ¡todo lo que rinde gloria a Dios por haber hecho la
creación!
Así, cuando Jesús cura a un enfermo el shabat, rinde gloria a Dios su
Padre, volviendo a dar a esa criatura la salud perdida, una salud tan
preciosa puesto que ella permite al hombre alabar a Dios porque El está

por encima de todo: ¡el Señor del Universo! ¡Dios es el Rey de Reyes,
el
Seños de Señores, y es solo a el que todas las criaturas del cielo y de

la tierra deben rendir homenaje, gloria, honor, poder y soberanía!

" Notando cómo los invitados elegían los primeros puestos, les dijo una

parábola: «Cuando seas convidado por alguien a una boda, no te pongas
en
el primer puesto, no sea que haya sido convidado por él otro más
distinguido que tú, y viniendo el que os convidó a ti y a él, te diga:

'Deja el sitio a éste', y entonces vayas a ocupar avergonzado el último

puesto. Al contrario, cuando seas convidado, vete a sentarte en el
último
puesto, de manera que, cuando venga el que te convidó, te diga: 'Amigo,

sube más arriba.' Y esto será un honor para ti delante de todos los que

estén contigo a la mesa. Porque todo el que se ensalce, será humillado;
y
el que se humille, será ensalzado.» "

Para Jesús, y para nosotros a continuación de El, el festín del que se
trata aquí es antes que nada una imagen del banquete celestial al que
todos los elegidos por Dios están invitados a participar, para una
felicidad eterna. Pero enseguida se trata de una lección acerca de la
actitud que nosotros, cristianos, debemos tener en el mundo que nos
rodea. Esa actitud debe ser la de la humildad y la renuncia a los
honores: "...cuando seas convidado, vete a sentarte en el último
puesto."
Porque si deseamos estar cerca de Dios en el Cielo, y en consecuencia,
en
el primer lugar, es el último lugar el que te tenemos que elegir en
esta
tierra. "Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se
humille, será ensalzado."

¡Pero no lo olvidemos: se nos observa tal como se lo observaba a Jesús!

La reacción de la mayoría respecto de ese cristiano que habrá elegido
el
último lugar será la de decir: "¡Está loco! ¡Nunca llegará a nada!" Los

que, por el contrario estén poseídos del Espíritu de Dios dirán de el:
"¡He ahí un hombre sabio y sensato!" O simplemente: "A lo mejor es él
quien tiene razón..." Todos nosotros estamos llamados a testimoniar
nuestra fe en Jesús el Hijo de Dios: ese testimonio nuestro puede ser
insignificante a nuestros ojos, semejante a una gota de agua en el
océano. ¡Sin embargo, el Espíritu Santo está allí, en toda la tierra,
para sacar de esa gota de agua un torrente de gracias para la
conversión
del mundo entero!

" Dijo también al que le había invitado: «Cuando des una comida o una
cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni
a
tus vecinos ricos; no sea que ellos te inviten a su vez, y tengas ya tu

recompensa. Cuando des un banquete, llama a los pobres, a los
lisiados,
a los cojos, a los ciegos; y serás dichoso, porque no te pueden
corresponder, pues se te recompensará en la resurrección de los
justos.» "

Dios nos dio todo. No hay nada que poseamos que no lo hayamos recibido
de
El. ¡Y todo eso es gratuitamente que Dios nos lo ha dado! ¿Cómo hacer
de
otro modo que El mismo? Dios es nuestro modelo, y nosotros debemos
parecernos a El. ¡Entonces hagamos como El y el mundo verá en cada uno
de
nosotros una imagen de Dios! ¿Es difícil? A lo mejor... Pero hay que
intentarlo de todas maneras. ¡Hagamos cómo el Señor: demos
gratuitamente!
¡No vemos hoy tantas sectas y gurúes ávidos de ingresos, tratando de
sacar a sus adeptos la mayor cantidad de dinero que pueden! ¡Esas
sectas
dispensan sus doctrinas a cambio de mucho dinero! ¡Distribuyamos
generosamente nosotros gratuitamente la Palabra de Dios, que debe ser
la
primera de todas nuestras caridades!

¡En el curso de esta Eucaristía, vamos a recibir en nosotros mismos al
mismo Dios! ¡Agradezcámosle en ese momento por ese gran beneficio que
nos
da! ¡Pidamos a la Muy Santa Virgen Maria que seamos siempre verdaderos
testigos de la caridad de Cristo! ¡Que por su intersección, el Espíritu

Santo pueda actuar en nosotros y por nosotros, para la Gloria de Dios y

la salvación del mundo!



Canónigo Dr. Daniel Meynen



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martes, agosto 07, 2007

Décimo noveno Domingo del Año - Año C

Homilía para el décimo noveno Domingo del Año  -  Año C  -  Lc.
12:32-48




" «No temas, pequeño rebaño, porque al Padre de ustedes le agradó
darles
el Reino. Vendan lo que tienen y repártanlo en limosnas. Háganse junto
a
Dios bolsas que no se rompen de viejas y reservas que no se acaban;
allí
no llega el ladrón, y no hay polilla que destroce. Porque donde está
tu
tesoro, allí estará también tu corazón.»

" «Tengan puesta la ropa de trabajo y sus lámparas encendidas. Sean
como
personas que esperan que su patrón regrese de la boda para abrirle
apenas
llegue y golpee a la puerta. Felices los sirvientes a los que el
patrón
encuentre velando a su llegada. Yo les aseguro que él mismo se pondrá
el
delantal, los hará sentar a la mesa y los servirá uno por uno. Y si es

la medianoche, o la madrugada cuando llega y los encuentra así,
¡felices
esos sirvientes! Si el dueño de casa supiera a qué hora vendrá el
ladrón, ustedes entienden que se mantendría despierto y no le dejaría
romper el muro. Estén también ustedes preparados, porque el Hijo del
Hombre llegará a la hora que menos esperan.»

" Pedro preguntó: «Señor, esta parábola que has contado, ¿es sólo para
nosotros o es para todos?» El Señor contestó: «Imagínense a un
administrador digno de confianza y capaz. Su señor lo ha puesto al
frente de sus sirvientes y es él quien les repartirá a su debido tiempo

la ración de trigo. Afortunado ese servidor si al llegar su señor lo
encuentra cumpliendo su deber. En verdad les digo que le encomendará
el
cuidado de todo lo que tiene. Pero puede ser que el administrador
piense: «Mi patrón llegará tarde». Si entonces empieza a maltratar a
los sirvientes y sirvientas, a comer, a beber y a emborracharse,
llegará
su patrón el día en que menos lo espera y a la hora menos pensada, le
quitará su cargo y lo mandará donde aquellos de los que no se puede
fiar.»

" «Este servidor conocía la voluntad de su patrón; si no ha cumplido
las
órdenes de su patrón y no ha preparado nada, recibirá un severo
castigo.
En cambio, si es otro que hizo sin saber algo que merece azotes,
recibirá
menos golpes. Al que se le ha dado mucho, se le exigirá mucho; y
cuanto
más se le haya confiado, tanto más se le pedirá cuentas.» "



Homilía:


" «No temas, pequeño rebaño, porque al Padre de ustedes le agradó
darles
el Reino.» "

El evangelio de hoy, comienza por una de las mas lindas palabras de
Jesus:
"No temas, pequeño rebaño..." ¡Que amor, que ternura en esas pocas
palabras! "No temas..." Jesus sabe cuán herido está el espíritu del
hombre a partir del pecado original: el miedo, el temor desmesurado de
Dios ha invadido el alma humana a partir de ese instante funesto del
primer pecado de los hombres... Porque ese primer pecado ha hecho
conocer al hombre el temor de Dios, un miedo justificado por la
culpabilidad del hombre, pero un miedo sin medida, un miedo atizado por

el demonio: "Yavé Dios llamó al hombre y le dijo: «¿Dónde estás?» Este
contestó: «He oído tu voz en el jardín, y tuve miedo porque estoy
desnudo; por eso me escondí.»" (Gn. 3:9-10)

Para que el hombre no tuviera mas un miedo desmedido a Dios, sino tan
solo
un temor respetuoso y filial, Dios se rebajó hasta el hombre enviándole

su propio Hijo: "El, siendo de condición divina, no se apegó a su
igualdad con Dios, sino que se redujo a nada, tomando la condición de
servidor, y se hizo semejante a los hombres." (Phil. 2:6-7) En Jesús,
Dios se hace nuestro servidor: vela sobre nosotros por su Divina
Providencia, nos muestra el camino del cielo, ¡nos anticipa el gusto de

su reino por adelantado! "...porque le agradó al Padre de ustedes
darles
el Reino."

" «Vendan lo que tienen y repártanlo en limosnas. Háganse junto a Dios
bolsas que no se rompen de viejas y reservas que no se acaban; allí no
llega el ladrón, y no hay polilla que destroce. Porque donde está tu
tesoro, allí estará también tu corazón.» "

Si Dios esta a nuestro servicio, ¿que podemos hacer nosotros mejor que
ponernos nosotros también a su servicio? Si no lo hacemos, ¿no podría
Dios mismo acusarnos de ingratitud hacia el? Sin duda, dirán algunos;
¿pero qué viene a hacer Dios en nuestra vida? ¿no podría dejarnos
tranquilos? En efecto, mucha gente vive hoy dejando de lado a Dios.
¿Dios, para hacer qué? El mundo y sus riquezas parecen alcanzarles
para
hacerlos felices, por lo menos en apariencia... De hecho, es una
felicidad ilusoria, un engaño, como una droga... ¡El dinero, los
bienes
materiales, el placer de los sentidos, la lujuria, todo eso conduce a
los
hombres de nuestro tiempo a la peor locura: la de la glorificadción del

'yo'!

¡Para poder salir de allí, no hay sino una solución: la vida del
evangelio, la vida del servicio a los demás, la vida al servicio de
Dios
para la salvación del mundo! ¿Que habremos hecho de nuestra vida si no

la habremos de emplear para servir a Dios? ¿Cual habra sido nuestro
tesoro? ¿Los billetes de banco que estan en nuestra caja fuerte, los
ladrillos que forman parte de nuestra casa, nuestro automovil que
brilla
como nuevo? ¡Reflexionemos! ¿Nos hemos decidido realmente a ponernos
al
servicio de Dios? Miremos nuestro crucifijo, y oigamos a San Pablo:
"...
tomando la condición de servidor, se hizo semejante a los hombres. Y
encontrándose en la condición humana, se rebajó a sí mismo haciéndose
obediente hasta la muerte, y muerte en una cruz." (Phil. 2:7-8)

Sigamos el consejo del Señor: "Vendan lo que tienen y repártanlo en
limosnas. Háganse junto a Dios bolsas que no se rompen de viejas y
reservas que no se acaban; allí no llega el ladrón, y no hay polilla
que
destroce. Porque donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón."

¡Lo que nos impide servir a Dios, es nuestro apego a las criaturas, y
sobre todo, a nosotros mismos!

" «Tengan puesta la ropa de trabajo y sus lámparas encendidas. Sean
como
personas que esperan que su patrón regrese de la boda para abrirle
apenas
llegue y golpee a la puerta. Felices los sirvientes a los que el
patrón
encuentre velando a su llegada. Yo les aseguro que él mismo se pondrá
el
delantal, los hará sentar a la mesa y los servirá uno por uno. Y si es

la medianoche, o la madrugada cuando llega y los encuentra así,
¡felices
esos sirvientes! Si el dueño de casa supiera a qué hora vendrá el
ladrón, ustedes entienden que se mantendría despierto y no le dejaría
romper el muro. Estén también ustedes preparados, porque el Hijo del
Hombre llegará a la hora que menos esperan.» "

Dios se rebajo el primero, porque El, primero, nos amó. "Amemos, pues,
ya
que él nos amó primero." (1 Jn. 4:19) ¡Si, a continuación nos
rebajamos
delante de Dios sirviendolo con toda nuestra alma, con todas nuestras
fuerzas, con todo nuestro amor, entonces, al final, nuestra recompensa
será la Mesa con Dios, personal, cara a cara eternamente con Dios, que
nos habrá elevado hasta el en una gloria sin fin! "Yo les aseguro que
él
mismo se pondrá el delantal, los hará sentar a la mesa y los servirá
uno
por uno." ¡Ya, hoy, eso puede convertirse en realidad! ¡Puesto que
nosotros, en unos momentos, estaremos invitados a la Mesa eucarística
donde el mismo Señor se hace nuestro servidor: el hecho que el Señor
mismo se haga presente bajo las apariencias de comida y de bebida es un

signo de servicio hacia nosotros; y nuestra fe en Aquel que no vemos
es,
por nuestra parte, el signo de nuestro servicio hacia el Dios del Cielo
y
el Señor de los Señores!

" Pedro preguntó: «Señor, esta parábola que has contado, ¿es sólo para
nosotros o es para todos?» El Señor contestó: «Imagínense a un
administrador digno de confianza y capaz. Su señor lo ha puesto al
frente de sus sirvientes y es él quien les repartirá a su debido tiempo

la ración de trigo. Afortunado ese servidor si al llegar su señor lo
encuentra cumpliendo su deber. En verdad les digo que le encomendará
el
cuidado de todo lo que tiene. Pero puede ser que el administrador
piense: «Mi patrón llegará tarde». Si entonces empieza a maltratar a
los sirvientes y sirvientas, a comer, a beber y a emborracharse,
llegará
su patrón el día en que menos lo espera y a la hora menos pensada, le
quitará su cargo y lo mandará donde aquellos de los que no se puede
fiar.» "

Pedro pregunta entonces a Jesús: «Señor, esta parábola que has contado,

¿es sólo para nosotros o es para todos?» El Señor contesta con otra
parábola... De hecho, ¿quién es el más 'servidor' entre los discípulos

de Cristo sino el mismo Pedro? El Papa, Sucesor de Pedro, ¿no se
proclama a si mismo el 'Servidor de los Servidores de Dios'? Un orden
y
una jerarquía, son necesarios en la Iglesia. Todos los cristianos,
servidores de Dios y a su vez servidores los unos de los otros, deben
vivir en cierta armonía, la más perfecta que se pueda. Esto supone que
algunos 'servidores' sean superiores de otros 'servidores', lo que no
deja de ser peligroso... Estos superiores deben entonces velar para
cumplir su misión con sabiduría y mesura, evitando que su misión de
superiores no prevalezca por encima de la de servidores. ¡De esta
forma,
el superior de más alto rango, el Papa, quiere proclamarse el 'Servidor

de los Servidores de Dios', y serlo realmente!

" «Este servidor conocía la voluntad de su patrón; si no ha cumplido
las
órdenes de su patrón y no ha preparado nada, recibirá un severo
castigo.
En cambio, si es otro que hizo sin saber algo que merece azotes,
recibirá
menos golpes. Al que se le ha dado mucho, se le exigirá mucho; y
cuanto
más se le haya confiado, tanto más se le pedirá cuentas.» "

Aunque esta última sentencia del Señor se aplica a todos los que han
recibido una carga en la Iglesia, se la puede aplicar también a todos
aquellos y aquellas que han recibido gracias especiales y favores
particulares para el abien de toda la Iglesia. Principalmente, la Muy
Santa Virgen María. La que se convirtió en la Madre de Dios recibió una

gracia incomparable, pero una gracia que la impulsó a llamarse a sí
misma
con toda humildad: "la servidora del Señor" (Lc. 1:38). De esta
gracia,
María testimonió fielmente duramente toda su vida sobre la tierra, pero

sobre todo a los piés de la Cruz, donde, verdaderamente, el Señor
exigió
'demasiado' de ella... "Al que se le ha dado mucho, se le exigirá
mucho..."

¡Roguemos a la Muy Santa Virgen María, afín que ella haga de nosotros
verdaderos servidores de Dios! ¡Amen!



Canónigo Dr. Daniel Meynen



¡Sé un mejor ambientalista!
Encuentra consejos para cuidar el lugar donde vivimos.

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