Franciscanismo

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lunes, noviembre 28, 2005

NO HIZO COSA IGUAL CON NINGUNA OTRA NACION



NO HIZO COSA IGUAL CON NINGUNA OTRA NACION

En pocas semanas celebraremos a nuestra Madre la Virgen de
Guadalupe, y durante estos proximos sabados les ire compartiendo
temas guadalupanos para que tengamos muy presente que que tenemos
una madre que nos ama y esta al pendiente de nosotros " No estoy yo
aqui, que soy tu madre?, no estas por ventura en mi regaso ?

NICAN MOPOHUA

Éste es el documento histórico en el que se relata las Apariciones
de Nuestra Señora de Guadalupe al Beato Juan Diego, indígena azteca,
ocurridas del 9 al 12 de diciembre de 1531.
Es un escrito originalmente en lengua náhuatl "lingua franca" en
Mesoamérica, y todavía en uso en varias regiones de México. A pesar
de que muchos documentos indígenas comienzan con el Nican Mopohua,
estas dos palabras iniciales han permanecido por antonomasia para
identificar este relato. El título completo es: "Aquí se cuenta se
ordena como hace poco milagrosamente se apareció la Perfecta Virgen
Santa María, Madre de Dios, nuestra Reina; allá en el Tepeyac, de
renombre Guadalupe".
Este relato es la principal fuente de lo que sabemos sobre el
Mensaje de la Santísima Virgen al Beato Juan Diego, a México y al
Mundo. La copia más antigua se halla en la Biblioteca Pública de
Nueva York Rare Books and Manuscripts Department. The New York
Public Library, Astor, Lenox and Tilden Foundation.
El autor del documento fue Don Antonio Valeriano (1520-1605), sabio
indígena y aventajado discípulo de Fr. Bernardino de Sahún.
Valeriano recibió la historia por el mismo Juan Diego, quien murió
en 1548.
En cuanto al argumento del documento: es la narración de la
evangelización de una cultura donde la ayuda de Dios y de la Virgen
fue evidente. Por medio de un estilo correcto, digno y sólido uno se
da cuenta que esta evangelización llegó hasta la más profunda raíz
de la cultura pre-hispánica, llevándose a realizar la de dos pueblos
irreconciliables.
En la plenitud de los tiempos para América aparece María Santísima
portadora de Cristo. Hay una identificación de lo esencial de la
Biblia: -Cristo, centro de la Historia- (Juan 3,14-16) con lo
esencial del Nican Mopohua (vv.26-27) y con lo esencial del mensaje
glífico de la Imagen de Nuestra Señora de Guadalupe: el Niño Sol que
lleva en su vientre Santísimo.
Finalmente, entre los protagonistas del relato están:
· La Santísima Virgen que pide un templo para manifestar a su Hijo.
· El Beato Juan Diego, vidente y confidente de la Sma. Virgen.
· El Obispo Fr. Juan de Zumárraga a cuya Autoridad se confía el
asunto.
· El Tío del Beato Juan Diego, sanado milagrosamente.
· Los criados del Obispo que siguen al Beato Juan Diego.
· La ciudad entera que reconoce lo sobrenatural de la imagen y
entrega su corazón a Nuestra Señora de Guadalupe.
Aquí se narra se ordena, cómo hace poco, milagrosamente se apareció
la perfecta virgen santa maría madre de dios, nuestra reina, allá en
el Tepeyac, de renombre Guadalupe.
Primero se hizo ver de un indito, su nombre JuanDiego; y después se
apareció su Preciosa Imagen delante del reciente obispo don fray
Juan de Zumárraga. (...)
Diez años después de conquistada la ciudad de México, cuando ya
estaban depuestas las flechas, los escudos, cuando por todas partes
había paz en los pueblos, así como brotó, ya verdece, ya abre su
corola la fe, el conocimiento de Aquél por quien se vive: el
verdadero Dios.
En aquella sazón, el año 1531, a los pocos días del mes de
diciembre, sucedió que había un indito, un pobre hombre del pueblo.
Su nombre era Juan Diego, según se dice, vecino de Cuauhtitlan, y en
las cosas de Dios, n todo pertenecía a Tlatilolco.
Era sábado, muy de madrugada, venía en pos de Dios y de sus
mandatos.
Y al llegar cerca del cerrito llamado Tepeyac ya amanecía.
Oyó cantar sobre el cerrito, como el canto de muchos pájaros finos;
al cesar sus voces, como que les respondía el cerro, sobremanera
suaves, deleitosos, sus cantos sobrepujaban al del coyoltototl y del
tzinitzcan y al de otros pájaros finos.
Se detuvo a ver Juan Diego. Se dijo: ¿Por ventura soy digno, soy
merecedor de lo que oigo? ¿Quizá nomás lo estoy soñando? ¿Quizá
solamente lo veo como entre sueños?
¿Dónde estoy? ¿Dónde me veo? ¿Acaso allá donde dejaron dicho los
antiguos nuestros antepasados, nuestros abuelos: en la tierra de las
flores, en la tierra del maíz, de nuestra carne, de nuestro
sustento; acaso en la tierra celestial?
Hacia allá estaba viendo, arriba del cerrillo, del lado de donde
sale el sol, de donde procedía el precioso canto celestial.
Y cuando cesó de pronto el canto, cuando dejó de oírse, entonces oyó
que lo llamaban, de arriba del cerrillo, le decían: "JUANITO, JUAN
DIEGUITO".
Luego se atrevió a ir a donde lo llamaban; ninguna turbación pasaba
en su corazón ni ninguna cosa lo alteraba, antes bien se sentía
alegre y contento por todo extremo; fue a subir al cerrillo para ir
a ver de dónde lo llamaban.
Y cuando llegó a la cumbre del cerrillo, cuando lo vio una Doncella
que allí estaba de pie, lo llamó para que fuera cerca de Ella.
Y cuando llegó frente a Ella mucho admiró en qué manera sobre toda
ponderación aventajaba su perfecta grandeza:
su vestido relucía como el sol, como que reverberaba, y la piedra,
el risco en el que estaba de pie, como que lanzaba rayos; el
resplandor de Ella como preciosas piedra, como ajorca (todo lo más
bello) parecía la tierra como que relumbraba con los resplandores
del arco iris en la niebla.
Y los mezquites y nopales y las demás hierbecillas que allí se
suelen dar, parecían como esmeraldas. Como turquesa aparecía su
follaje. Y su tronco, sus espinas, sus aguates, relucían como el
oro.
En su presencia se postró. Escuchó su aliento, su palabra, que era
extremadamente glorificadora, sumamente afable, como de quien lo
atría y estimaba mucho.

Le dijo:- "ESCUCHA, HIJO MÍO EL MENOR, JUANITO. ¿A DÓNDE TE
DIRIGES?"
Y él le contestó:_ "Mi Señora, Reina, Muchachita mía, allá llegaré,
a tu casita de México Tlatilolco, a seguir las cosas de Dios que nos
dan que nos enseñan quienes son las imágenes de Nuestro Señor:
nuestros sacerdotes"
En seguida, con esto dialoga con él, le descubre su preciosa
voluntad;
le dice:
"SÁBELO, TEN POR CIERTO, HIJO MÍO EL MÁS PEQUEÑO, QUE YO SOY LA
PERFECTA SIEMPRE VIRGEN SANTA MARÍA, MADRE DEL VERDADERÍSIMO DIOS
POR QUIEN SE VIVE, EL CREADOR DE LAS PERSONAS, EL DUEÑO DE LA
CERCANÍA Y DE LA INMEDIACIÓN, EL DUEÑO DEL CIELO, EL DUEÑO DE LA
TIERRA, MUCHO DESEO QUE AQUÍ ME LEVANTEN MI CASITA SAGRADA.
EN DONDE LO MOSTRARÉ, LO ENSALZARÉ AL PONERLO DE MANIFIESTO:
LO DARÉ A LAS GENTES EN TODO MI AMOR PERSONAL, EN MI MIRADA
COMPASIVA, EN MI AUXILIO, EN MI SALVACIÓN:
PORQUE YO EN VERDAD SOY VUESTRA MADRE COMPASIVA,
TUYA Y DE TODOS LOS HOMBRES QUE EN ESTA TIERRA ESTÁIS EN UNO,
Y DE LAS DEMÁS VARIADAS ESTIRPES DE HOMBRES, MIS AMADORES, LOS QUE A
MÍ CLAMEN, LOS QUE ME BUSQUEN, LOS QUE CONFÍEN EN MÍ,
PORQUE ALLÍ LES ESCUCHARÉ SU LLANTO, SU TRISTEZA, PARA REMEDIAR PARA
CURAR TODAS SUS DIFERENTES PENAS, SUS MISERIAS, SUS DOLORES.
Y PARA REALIZAR LO QUE PRETENDE MI COMPASIVA MIRADA MISERICORDIOSA,
ANDA AL PALACIO DEL OBISPO DE MEXICO, Y LE DIRÁS QUE CÓMO YO TE
ENVÍO, PARA QUE LE DESCUBRAS CÓMO MUCHO DESEO QUE AQUÍ ME PROVÉA DE
UNA CASA, ME ERIJA EN EL LLANO MI TEMPLO; TODO LE CONTARÁS, CUANTO
HAS VISTO Y ADMIRADO, Y LO QUE HAS OÍDO.
Y TEN POR SEGURO QUE MUCHO LO AGRADECERÉ Y LO PAGARÉ,
QUE POR ELLO TE ENRIQUECERÉ, TE GLORIFICARÉ;
Y MUCHO DE ALLÍ MERECERÁS CON QUE YO RETRIBUYA TU CANSANCIO, TU
SERVICIO CON QUE VAS A SOLICITAR EL ASUNTO AL QUE TE ENVÍO.
YA HAS OÍDO, HIJO MÍO EL MENOR, MI ALIENTO MI PALABRA; ANDA, HAZ LO
QUE ESTÉ DE TU PARTE".
E inmediatamente en su presencia se postró; le dijo:_ "Señora mía,
Niña, ya voy a realizar tu venerable aliento, tu venerable palabra;
por ahora de Ti me aparto, yo, tu pobre indito".
Luego vino a bajar para poner en obra su encomienda: vino a
encontrar la calzada, viene derecho a México.
Cuando vino a llegar al interior de la ciudad, luego fue derecho al
palacio del obispo, que muy recientemente había llegado, gobernante
sacerdote; su nombre era D. Fray Juan de Zumárraga, sacerdote de San
Francisco.
Y en cuanto llegó luego hace el intento de verlo, les ruega a sus
servidores, a sus ayudantes, que vayan a decírselo;
después de pasado largo rato vinieron a llamarlo, cuando mandó el
señor obispo que entrara.
Y en cuanto entró, luego ante él se arrodilló, se postró, luego ya
le descubre, le cuenta el precioso aliento, la preciosa palabra de
la Reina del Cielo, su mensaje, y también le dice todo lo que admiró
lo que vio, lo que oyó.
Y habiendo escuchado toda su narración, su mensaje, como que no
mucho lo tuvo por cierto,
le respondió, le dijo: "Hijo mío, otra vez vendrás, aun con calma te
oiré, bien aun desde el principio miraré, consideraré la razón por
la que has venido, tu voluntad, tu deseo".
Salió; venía triste porque no se realizó de inmediato su encargo.
Luego se volvió, al terminar el día , luego de allá se vino derecho
a la cumbre del cerrillo,
y tuvo la dicha de encontrar a la Reina del Cielo: allí cabalmente
donde la primera vez se le apareció, lo estaba esperando.
Y en cuanto la vio, ante Ella se postró, se arrojó por tierra, le
dijo:
"Patroncita, Señora, Reina, Hija mía la más pequeña, mi Muchachita,
ya fui a donde me mandaste a cumplir tu amable aliento, tu amable
palabra; aunque difícilmente entré a donde es el lugar del
gobernante sacerdote, lo vi, ante él expuse tu aliento, tu palabra,
como me lo mandaste.
Me recibió amablemente y lo escuchó perfectamente, pero, por lo que
me respondió, como que no lo entendió, no lo tiene por cierto.
Me dijo: "Otra vez vendrás; aun con calma te escucharé, bien aun
desde el principio veré por lo que has venido, tu deseo, tu
voluntad".
Bien en ello miré, según me respondió, que piensa que tu casa que
quieres que te hagan aquí, tal vez yo nada más lo invento, o que tal
vez no es de tus labios;
mucho te suplico, Señora mía; Reina, Muchachita mía, que a alguno de
los nobles, estimados, que sea conocido, respetado, honrado, le
encargues que conduzca, que lleve tu amable aliento, tu amable
palabra para que le crean.
Porque en verdad yo soy un hombre del campo, soy mecapal, soy
parihuela, soy cola, soy ala; yo mismo necesito ser conducido,
llevado a cuestas, no es lugar de mi andar ni de mí detenerme allá a
donde me envías, Virgencita mía, Hija mía menor, Señora, Niña;
por favor dispénsame: afligiré con pena tu rostro, tu corazón; iré a
caer en tu enojo, en tu disgusto, Señora Dueña mía".
Le respondió la perfecta Virgen, digna de honra y veneración:
"ESCUCHA, EL MÁS PEQUEÑO DE MIS HIJOS, TEN POR CIERTO QUE NO SON
ESCASOS MIS SERVIDORES, MIS MENSAJEROS, A QUIENES ENCARGUÉ QUE
LLEVEN MI ALIENTO MI PALABRA, PARA QUE EFECTÚEN MI VOLUNTAD;
PERO ES MUY NECESARIO QUE TÚ, PERSONALMENTE, VAYAS, RUEGUES, QUE POR
TU INTERCESIÓN SE REALICE, SE LLEVE A EFECTO MI QUERER, MI VOLUNTAD.
Y, MUCHO TE RUEGO, HIJO MÍO EL MENOR, Y CON RIGOR TE MANDO, QUE OTRA
VEZ VAYAS MAÑANA A VER AL OBISPO.
Y DE MI PARTE HAZLE SABER, HAZLE OÍR MI QUERER, MI VOLUNTAD, PARA
QUE REALICE, HAGA MI TEMPLO QUE LE PIDO.
Y BIEN, DE NUEVO DILE DE QUÉ MODO YO, PERSONALMENTE, LA SIEMPRE
VIRGEN SANTA MARÍA, YO, QUE SOY LA MADRE DE DIOS, TE MANDO".
Juan Diego, por su parte, le respondió, le dijo:_ "Señora mía,
Reina, Muchachita mía, que no angustie yo con pena tu rostro, tu
corazón; con todo gusto iré a poner por obra tu aliento, tu palabra;
de ninguna manera lo dejaré de hacer, ni estimo por molesto el
camino.
Iré a poner en obra tu voluntad, pero tal vez no seré oído, y si
fuere oído quizás no seré creído.
Mañana en la tarde, cuando se meta el sol, vendré a devolver a tu
palabra, a tu aliento, lo que me responda el gobernante sacerdote.
Ya me despido de Tí respetuosamente, Hija mía la más pequeña,
Jovencita, Señora, Niña mía, descansa otro poquito.
Y luego se fue él a su casa a descansar..

Continua el proximo sabado......

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