Franciscanismo

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miércoles, enero 24, 2007

Homilía para el cuarto Domingo del Año - Año C

Homilía para el cuarto Domingo del Año  -  Año C  -  Lc. 4:21-30




" Estando Jesús en la sinagoga de Nazareth, comenzó a decirles:  «Hoy
se
ha cumplido esta Escritura en vuestros oídos.»  Y todos le daban
testimonio, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían
de su boca.

" Y decían:  «¿No es éste el hijo de José?»  Y les dijo:  «Sin duda me
diréis este refrán:  Médico, cúrate a ti mismo:  de tantas cosas que
hemos oído haber sido hechas en Capernaum, haz también aquí en tu
tierra.»  Y dijo:  «De cierto os digo, que ningún profeta es acepto en
su
tierra.  Mas en verdad os digo, que muchas viudas había en Israel en
los
días de Elías, cuando el cielo fue cerrado por tres años y seis meses,
que hubo una grande hambre en toda la tierra;  Pero a ninguna de ellas
fue enviado Elías, sino a Sarepta de Sidón, a una mujer viuda.  Y
muchos
leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo;  mas ninguno de
ellos fue limpio, sino Naamán el Siro.»

" Entonces todos en la sinagoga fueron llenos de ira, oyendo estas
cosas; 
Y levantándose, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la
cumbre del monte sobre el cual la ciudad de ellos estaba edificada,
para
despeñarle.  Mas él, pasando por medio de ellos, se fue. "



Homilía:


" Estando Jesús en la sinagoga de Nazareth, comenzó a decirles:  «Hoy
se
ha cumplido esta Escritura en vuestros oídos.»  Y todos le daban
testimonio, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían
de su boca. "

El evangelio de este cuarto domingo del año le sigue al que hemos leído
el
domingo pasado:  Jesús está en su tierra, en Nazareth, y predica en la
sinagoga.  El evangelio nos dice que las palabras del Señor tuvieron un
gran impacto en los oyentes, a tal punto que se encuentran sorprendidos
del discurso de aquél que ellos habían conocido y que ahora parecía ser
otro hombre, un hombre distinto a los demás, un hombre que sobrepasa a
todos porque, de hecho, El es Dios y hombre al mismo tiempo: 
"...estaban
maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca."

Jesús es Dios y hombre, y el que no aun no lo sabe se encuentra
sorprendido por la acción misteriosa que obra al escucharlo hablar. 
Jesús es la Palabra misma de Dios, el Hijo del Padre engendrado en la
eternidad, en el Espíritu Santo, y por lo tanto, Jesús es tal como
Dios,
el autor mismo de la gracia, esta creación divina que le permite a una
criatura razonable de entrar en comunión con el Creador.  Cuando el
hombre Jesús habla, su discurso es portador de gracia, las palabras que
El pronuncia sirven de medio para comunicar a los oyentes la gracia de
la
cual El mismo es autor:  El pronuncia así "las palabras de gracia".

" Y decían:  «¿No es éste el hijo de José?»  Y les dijo:  «Sin duda me
diréis este refrán:  Médico, cúrate a ti mismo:  de tantas cosas que
hemos oído haber sido hechas en Capernaum, haz también aquí en tu
tierra.»  Y dijo:  «De cierto os digo, que ningún profeta es acepto en
su
tierra.» "

La gracia de Dios es todopoderosa, y las palabras de gracia que Jesús
profesa a los habitantes de su pueblo tienen la capacidad de convencer
a
todo el mundo de este hecho sorprendente:  Jesús, uno de ellos, no es
tan
solo un hombre, sino que es también y antes que nada Dios.  Sin
embargo,
el hombre, todo hombre y toda mujer, queda libre ante la gracia
todopoderosa de Dios:  es el Misterio del Amor, es el Misterio mismo de
Dios!  No obstante, Jesús sabe con anticipación que los habitantes de
Nazareth van a rechazarlo, tal como lo ha escrito San Juan de una
manera
más general, diciendo:  "A los suyos vino, y los suyos no le
recibieron." (Jn. 1:11)

Esto es así porque Jesús no tiene la intención de hacer milagros para
comprobar su divinidad:  un milagro es una derogación a las leyes de la
naturaleza, y Dios no hace ningún milagro en vano, porque aquello que
El
creó es bueno y perfecto en sí, aunque el hombre y el pecado han
corrompido la creación inicial.  Por lo tanto, Jesús no cumplirá en
Nazareth los mismos prodigios que en Capernaum.  Pero aún hay algo más. 
Jesús, desde el inicio de su predicación, parece que de alguna manera
desea dejar su pueblo, el Pueblo judío, de lado, a fin de dar cierta
preferencia a los pueblos de naciones paganas.  Es lo que sigue de su
discurso que nos hace pensar...

" «Mas en verdad os digo, que muchas viudas había en Israel en los días
de
Elías, cuando el cielo fue cerrado por tres años y seis meses, que hubo
una grande hambre en toda la tierra;  Pero a ninguna de ellas fue
enviado
Elías, sino á Sarepta de Sidón, a una mujer viuda.  Y muchos leprosos
había en Israel en tiempo del profeta Eliseo;  mas ninguno de ellos fue
limpio, sino Naamán el Siro.» "

El Hijo de Dios descendió a la tierra y se hizo carne en el seno de la
Virgen María para salvar a todos los hombres.  Pero quiénes de aquellos
eran los más necesitados de la salvación?  No son acaso aquellos que
aun
no tenían vínculo alguno con Dios, el Verdadero, el Unico?  El Pueblo
judío había sido elegido por Dios para ser su Pueblo:  el hecho mismo
de
ser judío establecía un cierto vínculo con Dios, un vínculo físico. 
Además, el que no era judío se encontraba privado de esta relación con
Dios.  Pero cuando el Hijo de Dios descendió a la tierra, el trajo con

la gracia, un bien divino creado, capaz de establecer entre Dios y todo
hombre, toda mujer, un vínculo espiritual.  "Porque la ley por Moisés
fue
dada;  mas la gracia y la verdad por Jesucristo nos han llegado."
(Jn. 1:17)

De hecho, la gracia de Dios está destinada tanto para los judíos como
para
las naciones paganas.  Los primeros discípulos de Cristo, los
apóstoles,
eran todos judíos.  Lo que Jesús quería no era rechazar a su pueblo,
sino
que la gracia permanezca con ellos, que el vínculo corporal que ellos
podían tener con Dios sea regido por un vínculo de un orden superior,
un
vínculo espiritual, que es aquel de la gracia.  Si Elías fue enviado a
una viuda de Sarepta, si Eliseo sanó al sirio Naamán, fue para anunciar
la venida de la gracia tan anticipada:  aquella del Mesías en persona! 
Israel fue convocado por el Señor a comprender que, de ahí en más, la
gracia espiritual debía regir sobre todo lo corporal.

" Entonces todos en la sinagoga fueron llenos de ira, oyendo estas
cosas; 
Y levantándose, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la
cumbre del monte sobre el cual la ciudad de ellos estaba edificada,
para
despeñarle.  Mas él, pasando por medio de ellos, se fue. "

"¡Alas!"  Tres veces "¡Alas!"  Los habitantes de Nazareth no quisieron
la
gracia de Dios...  Su conversión no sería para aquellos tiempos...  ¿y
nosotros, hoy?  ¿Cómo reaccionaríamos?  ¿Estaríamos dispuestos a
recibir
la gracia de Dios que nos ayudaría a separarnos de los bienes de este
mundo, y sobre todo de nosotros mismos?  Por cierto, ya hemos hecho
algunos pasos en esa dirección, pero todo aquello en nuestra vida que
es
material, ¿acaso no nos significa demasiado?  Cuando se nos ofrece la
gracia de Dios, ¡aceptémosla!  Temamos que la gracia de Dios nos pase
de
lado, y nos vuelva a dejar de lado!

Pidámosle a la santísima Virgen María que eleve nuestro espíritu hacia
las
realidades de los cielos.  Que el Señor nos conceda su gracia para
crecer
en todas las virtudes, sobre todo aquellas de la fe, de la esperanza, y
de la caridad.  La gracia de Dios es todopoderosa:  he aquí NUESTRA
ESPERANZA!



Canónigo Dr. Daniel Meynen


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