Franciscanismo

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miércoles, febrero 21, 2007

Homilía para el primer Domingo de Cuaresma - Año C - Lc. 4:1-13

Homilía para el primer Domingo de Cuaresma  -  Año C  -  Lc. 4:1-13




" Y JESUS, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fué llevado
por
el Espíritu al desierto por cuarenta días, y era tentado del diablo. Y
no
comió cosa en aquellos días: los cuales pasados, tuvo hambre.

" Entonces el diablo le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di á esta piedra
que
se haga pan.» Y Jesús respondiéndole, dijo: «Escrito está: 'Que no con
pan solo vivirá el hombre, mas con toda palabra de Dios' (Deut. 8:3).»

" Y le llevó el diablo á un alto monte, y le mostró en un momento de
tiempo todos los reinos de la tierra. Y le dijo el diablo: «A ti te
daré
toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque á mí es entregada, y á
quien quiero la doy: Pues si tú adorares delante de mí, serán todos
tuyos.» Y respondiendo Jesús, le dijo: «Vete de mí, Satanás, porque
escrito está: 'A tu Señor Dios adorarás, y á él solo servirás' (Deut.
6:13).»

" Y le llevó á Jerusalem, y púsole sobre las almenas del templo, y le
dijo: «Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo: Porque escrito está:
'Que á sus ángeles mandará de ti, que te guarden'; Y 'En las manos te
llevarán, Porque no dañes tu pie en piedra' (Salmos 90:11-12).» Y
respondiendo Jesús, le dijo: «Dicho está: 'No tentarás al Señor tu
Dios' (Deut. 6:16).»

" Y acabada toda tentación, el diablo se fué de él por un tiempo. "



Homilía:


" Y JESUS, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fué llevado
por
el Espíritu al desierto por cuarenta días, y era tentado del diablo. Y
no
comió cosa en aquellos días: los cuales pasados, tuvo hambre. "

Desde el momento en que Dios creó al hombre y a la mujer (cf. Gn. 1:27)
ambos han tenido un celoso enemigo: el diablo. Ni bien tuvo la
oportunidad, este ángel caído tentó a la mujer, Eva, quien condujo a su
esposo Adán al pecado y a la caída original. Porque el diablo, o el
demonio, no podía soportar de ver que había otros seres que poseían lo
que él había perdido para siempre: la posibilidad de hacerse semejantes
a
Dios.

El hombre y la mujer fueron creados por Dios a su "imagen" y
"semejanza" (Gn. 1:26). Pero la imagen y la semejanza, aunque perfecta
en
si misma, adquirió su plenitud cuando Dios creó al hombre y a la mujer.
Para aquello, faltaba que Adán y Eva pasaran por una prueba: la prueba
de
obediencia a Dios. Era necesario que ni el hombre ni la mujer comieran
del árbol de la sabiduría del bien y del mal, plantado en el medio del
jardín de Edén, junto al árbol de la vida (cf. Gn. 2:9). Obedeciendo a
Dios, no comiendo la fruta del árbol prohibido, Adán y Eva podrían
merecer - si esto fuese posible - de convertirse plenamente en imagen
de
Dios, hijo e hija de Dios.

A la prueba al cual el hombre y la mujer fueron sometidos se le sumaba
otro reto: el de resistir a la tentación del diablo para hacerlos
tropezar en el camino de la vida eterna. Dios lo permite... Adán y Eva
debían no solamente oír la voz de Dios y obedecerle, sino también
rechazar las sugerencias de los demonios y rehusar de ponerlas en
práctica. Desgraciadamente, las palabras del diablo se impusieron sobre
el espíritu de Eva, que comenzó a razonar, y que finalmente comió la
fruta del árbol prohibido: "Y vió la mujer que el árbol era bueno para
comer, y que era agradable á los ojos, y árbol codiciable para alcanzar
la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dió también á su marido,
el
cual comió así como ella." (Gn. 3:6)

Jesús, el Hijo de Dios enviado por el Padre para ser el Nuevo Adán, fue
también puesto a la prueba: "Jesús, lleno del Espíritu Santo,
regresando
del Jordán, fue conducido por el Espíritu al desierto, donde fue
tentado
por el diablo durante cuarenta días." Durante su vida en la tierra,
Jesús
debía obedecer a las órdenes de su Padre y rechazar las sugerencias
erradas de Satanás. Como enviado del Padre, Jesús cumplió durante toda
su
vida la orden de su Padre, el Creador de todas las cosas. Pero a la
Palabra del Padre, la cual se realiza en toda la persona de Jesús, se
suman las tentaciones del diablo, a veces visibles y corporales como en
el desierto, a veces invisibles y espirituales como en el Jardín del
Getsemaní (cf. Lc. 22:41-43) o en la Cruz del Calvario (cf. Mt. 27:46).

" Entonces el diablo le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di á esta piedra
que
se haga pan.» Y Jesús respondiéndole, dijo: «Escrito está: 'Que no con
pan solo vivirá el hombre, mas con toda palabra de Dios' (Deut. 8:3).»
"

Cada vez que el diablo tienta a Jesús, El le responde con una cita de
las
Santas Escrituras. Jesús nos muestra así un ejemplo a seguir. Jesús
hubiera podido responder al demonio discutiéndole: Jesús es Dios y, en
ningún caso es capaz de pecar; ¡aún discutiendo con el diablo, Jesús
hubiera tenido la ultima palabra! ¡Pero Jesús no discute jamás! El
responde simplemente con palabras de las Santas Escrituras de modo que
nosotros también hagamos lo mismo. Porque si discutimos con el diablo,
tarde o temprano, el ganará, como lo hizo con Eva en el jardín de Edén.

No, no se puede discutir con el demonio. A sus sugestiones perversas,
se
le debe oponer, simplemente la Palabra misma de Dios. Esto supone que
la
Palabra de Dios es la nuestra, por la fe y el amor. Finalmente, no
existen mejores palabras para protegerse de una tentación del diablo
que
las del Pan de Vida, que podemos hacer íntimamente nuestro mediante la
Comunión eucarística. Jesús tiene razón al decirle al diablo: "No solo
de
pan vive el hombre." ¡Porque el hombre vive también y sobre todo del
Pan
Verdadero, del Pan de Dios que desciende del Cielo (cf. Jn. 6:33, y
51)!

" Y le llevó el diablo á un alto monte, y le mostró en un momento de
tiempo todos los reinos de la tierra. Y le dijo el diablo: «A ti te
daré
toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque á mí es entregada, y á
quien quiero la doy: Pues si tú adorares delante de mí, serán todos
tuyos.» Y respondiendo Jesús, le dijo: «Vete de mí, Satanás, porque
escrito está: 'A tu Señor Dios adorarás, y á él solo servirás' (Deut.
6:13).» "

El diablo intenta ahora desviar a Jesús de su misión, que es la de
conducir a todas las almas al Reino de Dios. Jesús es el Servidor de
Dios
por excelencia: El está al servicio del Padre que quiere salvar a todos
los hombres. Jesús Hombre debe siempre estar al servicio de la Palabra
de
Dios que está en él y a la cual está unido de una manera absolutamente
única.  Nadie debe desviarlo de este servicio. Su reino es el reino del
Cielo. El ha dicho, "Mi reino no es de este mundo" (Jn. 18:36).
También,
cuando el demonio lo tienta a Jesús ofreciéndole todos los reinos de la
tierra, el Señor le responde diciendo que El está a servicio del Rey
del
Cielo, y se niega a adorar al príncipe de este mundo: "A tu Señor Dios
adorarás, y á él solo servirás."

" Y le llevó á Jerusalem, y púsole sobre las almenas del templo, y le
dijo: «Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo: Porque escrito está:
'Que á sus ángeles mandará de ti, que te guarden'; Y 'En las manos te
llevarán, Porque no dañes tu pie en piedra' (Salmos 90:11-12).» Y
respondiendo Jesús, le dijo: «Dicho está: 'No tentarás al Señor tu
Dios' (Deut. 6:16).» "

Dios tiene un tiempo para cada cosa. Cuando El decide realizar
efectivamente algo, es el momento correcto: ni antes ni después. Aquel
momento no era el momento justo, cuando el diablo tentó a Jesús por
tercera vez utilizando las propias palabras de Dios en las Santas
Escrituras. Es cierto que Dios encomienda a sus ángeles de velar sobre
Cristo, pero solamente cuando llegue su hora. En el momento que Jesús
dirá a su Padre: "Padre, la hora es llegada; glorifica á tu Hijo, para
que también tu Hijo te glorifique á ti" (Jn 17:1), aquella será la hora
de la voluntad de Dios, y el Padre enviará a sus ángeles a su Hijo.
Jesús
le responde al demonio, "No tentarás al Señor tu Dios." Quiere decir,
tu
no lo forzarás a adelantar su hora. "Y acabada toda tentación, el
diablo
se fué de él por un tiempo." (Lc. 4:13).

¡Que la Santísima Virgen María nos ayude con su plegaria todopoderosa a
fin de que la gracia del Espíritu Santo nos acompañe todos los días de
nuestra vida! ¡Así, nosotros podremos comulgar dignamente el Cuerpo y
la
Sangre de Cristo, para formar un solo Cuerpo con El y con nuestros
hermanos, en espera de la Vida Eterna que vendrá en Jesús, después de
la
tentación de esta vida!



Canónigo Dr. Daniel Meynen


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