Franciscanismo

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miércoles, febrero 07, 2007

Homilía para el sexto Domingo del Año - Año C - Lc. 6:17 & 20-26

Homilía para el sexto Domingo del Año  -  Año C  -  Lc. 6:17 & 20-26





" Y descendió con ellos, y se paró en un lugar llano, y la compañía de
sus
discípulos, y una grande multitud de pueblo de toda Judea y de
Jerusalem,
y de la costa de Tiro y de Sidón, que habían venido a oírle, y para ser
sanados de sus enfermedades.

" Y alzando él los ojos a sus discípulos, decía:  «Bienaventurados
vosotros los pobres;  porque vuestro es el reino de Dios. 
Bienaventurados los que ahora tenéis hambre;  porque seréis saciados. 
Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis.  Bienaventurados
seréis, cuando los hombres os aborrecieren, y cuando os apartaren de
sí,
y os denostaren, y desecharen vuestro nombre como malo, por el Hijo del
hombre.  Gozaos en aquel día, y alegraos;  porque he aquí vuestro
galardón es grande en los cielos;  porque así hacían sus padres a los
profetas.»

" «Ay de vosotros, ricos!  porque tenéis vuestro consuelo.  ¡Ay de
vosotros, los que estáis hartos!  porque tendréis hambre.  ¡Ay de
vosotros, los que ahora reís!  porque lamentaréis y lloraréis.  ¡Ay de
vosotros, cuando todos los hombres dijeren bien de vosotros!  porque
así
hacían sus padres a los falsos profetas.» "



Homilía:


" Y descendió con ellos, y se paró en un lugar llano, y la compañía de
sus
discípulos, y una grande multitud de pueblo de toda Judea y de
Jerusalem,
y de la costa de Tiro y de Sidón, que habían venido a oírle, y para ser
sanados de sus enfermedades. "

La fama de Jesús se había ya expandido enormemente:  una multitud de
gente
venida de todas partes para ver a este Gran Profeta y para escucharlo,
o
aun mejor, para hacerse sanar por este sanador sin igual!  Sin embargo,
a
Jesús no le gustan las multitudes y las grandes concentraciones de
gente. 
Él quiere incondicionalmente a todos aquellos que se acercan a él, pero
no le agradan para nada los movimientos de gente que parece
concentrarse
entorno a él en aquel día.  Y Jesús va a tratar de hacer comprender a
sus
oyentes, con sus propias palabras, con sus propias imágenes y
metáforas.

" Y alzando él los ojos a sus discípulos, decía:  «Bienaventurados
vosotros los pobres;  porque vuestro es el reino de Dios.» "

Jesús comienza su discurso alabando aquellos que son pobres: 
"¡Bienaventurados vosotros los pobres!"  ¿Es esto posible?  Si Jesús lo
ha dicho, no cabe ninguna duda de lo siguiente:  aquel que es pobre
puede
ser bienaventurado.  Pero Jesús no dice expresamente que aquel que es
pobre es necesariamente bienaventurado.  Lo que el Señor quiso decir es
que aquel que es pobre puede ser bienaventurado de acuerdo a como su
amor
a Dios le hace estimar las cosas terrenales como sin valor respecto a
los
bienes celestiales:  "Bienaventurados vosotros los pobres, porque
vuestro
es el reino de Dios."

El Señor Jesús no recomienda aquí la pobreza real y absoluta:  Dios no
quiere que los hombres y mujeres que él creó de su Amor carezcan de los
bienes necesarios para vivir.  Lo que Jesús pide de cada cristiano es
antes que nada estar satisfecho con su propia suerte.  Si alguno tiene
pocos bienes, que no desee poseer aun más;  si otro posee demasiado,
que
no se ate a los bienes terrenales, sino a aquellos del cielo.  En todo
caso, que cada uno haga todo lo que esta en su poder para utilizar los
bienes terrenales con mesura y sin exceso, compartiéndolos también con
aquellos que están necesitados.

El Señor Jesús no recomienda aquí la pobreza absoluta:  Dios no quiere
que
los hombres y las mujeres que Él ha creado con su amor carezcan de las
cosas que son necesarias para vivir.  Lo que Jesús pide de todo
cristiano
es que este satisfecho con su destino.  Si hay alguien que tiene pocos
bienes, que no desee más; si hay alguien que posee demasiado, que no se
ate a las realidades de la tierra, sino a los bienes del cielo.  En
todo
caso, que cada uno haga lo que esta dentro de su poder para utilizar
los
bienes mundanos con mesura y sin exceso, compartiendo aun con aquellos
mas necesitados.

" «Bienaventurados los que ahora tenéis hambre;  porque seréis
saciados.» "

Si bien es cierto que se puede encontrar una cierta satisfacción
espiritual en la penitencia corporal, es difícil sentirse
bienaventurado
con el estomago vacío.  De hecho, el Señor no quiere que los hombres,
las
mujeres y los niños se mueran de hambre, como suele pasar hoy en día en
distintos lugares del mundo...  Pero existe otra hambre, aquella que
los
corazones honestos y sinceros buscan a lo largo de los días y los anos: 
¡el hambre de justicia!  San Mateo en su evangelio cita las palabras
máximas del Señor, diciendo:  "¡Bienaventurados aquellos que tienen
hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados!" (Mt. 5:6)

" «Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis. 
Bienaventurados
seréis, cuando los hombres os aborrecieren, y cuando os apartaren de
sí,
y os denostaren, y desecharen vuestro nombre como malo, por el Hijo del
hombre.  Gozaos en aquel día, y alegraos;  porque he aquí vuestro
galardón es grande en los cielos;  porque así hacían sus padres a los
profetas.» "

Jesús alaba a los pobres de corazón, aquellos que tienen hambre de
justicia, aquellos que lloran, a los que se sienten solos, sin riquezas
que los consuelen en este valle de lagrimas, sin alimento que compense
la
injusticia de la cual son victimas...  Seguramente, Jesús declara
bienaventurado no a aquellos a quien todo bien llega, tanto las
riquezas
como las alabanzas de los aduladores, sino aquellos que por amor a Dios
y
a los hombres soportan todo los embates con fe, constancia y
generosidad. 
"¡Gozaos en aquel día, y alegraos;  porque he aquí vuestro galardón es
grande en los cielos!"

La pobreza, los tratamientos injustos, las burlas:  he aquí los
elementos
que hacen al hombre privilegiado ante Dios, ¡lo que lo hacen realmente
bienaventurado!  ¡Allí esta el Camino, trazado por el Divino Maestro! 
Allí esta el Camino, no por otra parte.  El conduce al Gólgota, a la
Cruz
de Cristo.  Aquel camino conduce a la buenaventura, pero no solamente
al
cielo después de la muerte.  No, este Camino hace bienaventurado desde
aquí abajo, ¡porque al pie de la Cruz se encuentra Maria, de pie, como
si
hubiera ya resucitado, presente y actuante para ayudar a todos los
hombres y mujeres por el don de la gracia todopoderosa de Dios!

" «Ay de vosotros, ricos!  porque tenéis vuestro consuelo.  ¡Ay de
vosotros, los que estáis hartos!  porque tendréis hambre.  ¡Ay de
vosotros, los que ahora reís!  porque lamentaréis y lloraréis.  ¡Ay de
vosotros, cuando todos los hombres dijeren bien de vosotros!  porque
así
hacían sus padres a los falsos profetas.» "

Jesús continua a enseñar a sus discípulos y, en sus discursos,
sustituye
la palabra "bienaventurado" por las palabras "Ay de vosotros, ay de
vosotros, ay de vosotros..."  No hay otras palabras para describir la
terrible realidad de aquel que no sigue el Camino trazado por el
Maestro...  ¡Qué amargura hay en tales palabras!  ¿El alma del Señor no
se encuentra ya colmada del disgusto que será todo suyo en la víspera
de
su Pasión en el jardín de Getsemani?  ¿Acaso no se oye ya el grito de
desesperación de Jesús en la Cruz del Calvario:  "Dios mio, Dios mio,
por
qué me has abandonado?" (Mt. 27:46)

Recibiremos pronto a Jesús en el sacramento de la Comunión.  Aquella
será
la mejor oportunidad para pedirle que nos haga realmente
bienaventurados,
no como nosotros concebimos la buenaventura con nuestra pequeña idea de
bienestar, sino como la beatitud que el Señor desea compartir con
nosotros, beatitud que es suya por toda la eternidad.  ¡Que la
Eucaristía
de este día nos resucite ya!



Canónigo Dr. Daniel Meynen


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